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Situación humanitaria en Colombia durante 2025
July 28, 2026Hay personas que nacen en medio de la tranquilidad y otras que aprenden a construirla después de haber conocido el caos. La historia de Pierre pertenece a este segundo grupo: un testimonio de resiliencia, valentía y esperanza que demuestra que las circunstancias no determinan el destino de una persona.
Pierre es un joven haitiano que, desde temprana edad, enfrentó experiencias que marcaron profundamente su vida. Cuando tenía apenas 11 años vivió uno de los acontecimientos más devastadores de la historia reciente de Haití: el terremoto de 2010.“En cuestión de segundos, el mundo que conocía cambió para siempre. Vi desaparecer personas cercanas, presencié escenas que ningún niño debería contemplar y quedé atrapado bajo los escombros hasta que me rescataron”, recuerda.
Las heridas físicas sanaron, pero las emocionales tardaron mucho más tiempo. Durante años cargó con el peso de los recuerdos, el miedo y la tristeza. Se convirtió en un joven reservado y solitario. Mientras otros adolescentes descubrían sus sueños, Pierre luchaba por recuperar las ganas de vivir. Sin embargo, incluso en los momentos más difíciles, conservó la esperanza de construir un futuro diferente.
Con el paso del tiempo, Haití enfrentó nuevas crisis sociales y políticas. “Fue entonces cuando comprendí que necesitaba buscar oportunidades para crecer, estudiar y sanar. Por eso, en septiembre de 2017, con apenas 19 años, migré a República Dominicana junto a un primo”, cuenta. Lo impulsaba una idea sencilla pero poderosa: encontrar un lugar y la oportunidad para estudiar y desarrollar su potencial.
La realidad, sin embargo, fue distinta a la que imaginaba. Llegó a la universidad lleno de sueños, pero también tuvo que enfrentar una nueva cultura, un idioma que aún estaba aprendiendo y constantes experiencias de discriminación por ser haitiano. “Me sentía solo. En las aulas, en la cafetería y en otros espacios de convivencia percibía que muchos me veían primero como extranjero y después como persona”, afirma.
Hubo momentos en los que pensó en rendirse y regresar a Haití. Pero el apoyo de su familia le dio fuerzas para continuar. En lugar de permitir que las dificultades definieran su historia, decidió convertirlas en una oportunidad de transformación.
Cada exposición en clase se convirtió en un acto de valentía. Aunque todavía enfrentaba barreras con el idioma, preparaba cada presentación con dedicación. No buscaba compasión ni privilegios; quería ser reconocido por sus capacidades, su esfuerzo y su humanidad.
“Con el tiempo comprendí que muchos otros jóvenes haitianos vivían experiencias similares. Algunos tenían miedo de hablar en español, otros evitaban participar en clase y muchos se sentían invisibles”, relata.
Fue entonces cuando nació una nueva versión de Pierre. Junto a otros estudiantes comenzó a crear espacios de encuentro, apoyo y solidaridad. Lo que empezó como reuniones para compartir una comida y conversar se transformó en una red de acompañamiento y unión. Pierre descubrió que el liderazgo no consiste en estar por encima de los demás, sino en ayudar a otros a levantarse cuando sienten que no pueden continuar.
“Gracias a ese esfuerzo colectivo, los estudiantes haitianos comenzamos a ganar visibilidad dentro de la universidad. Las personas empezaron a conocernos más allá de los prejuicios y a reconocer nuestros conocimientos, talentos y aportes”, afirma.
Aquella experiencia despertó en él una profunda convicción: defender los derechos humanos no es solo hablar de justicia, sino actuar cada día para que todas las personas sean tratadas con respeto e igualdad. Su compromiso no nació de los libros, sino de la experiencia, de haber sentido el rechazo y comprender el impacto que tiene que alguien cuestione tu valor únicamente por tu origen.
Esa experiencia lo llevó a convertirse en un agente de cambio. A lo largo de su camino ha enfrentado situaciones difíciles, incluidas experiencias de discriminación institucional que le han exigido defender sus derechos con firmeza, inteligencia y respeto. Cada desafío le ha enseñado la importancia del conocimiento, el diálogo y la perseverancia.
Hoy Pierre encuentra fuerza en sus raíces. Se siente orgulloso de ser haitiano, de su cultura y de la historia de su país. Recuerda las enseñanzas de su familia, los valores que le inculcaron desde niño y el profundo sentido de pertenencia que lo acompaña hasta hoy.
Pierre sobrevivió a un terremoto, superó el miedo, enfrentó la discriminación y transformó la soledad en liderazgo. Actualmente continúa construyendo caminos para sí mismo y para otras personas migrantes que enfrentan rechazo, exclusión y vulneración de derechos. Cada paso que da demuestra que la resiliencia, la educación y la dignidad pueden transformar vidas.
Sueña con una sociedad donde las personas sean valoradas por su condición humana y no por su nacionalidad; un lugar donde nadie tenga que vivir con miedo y donde todas las personas puedan ejercer sus derechos en igualdad de condiciones.
“Formarme como defensor de derechos humanos de personas migrantes me permite conocer mis derechos y ayudar a otros a defender los suyos” afirma.
En el marco del proyectoDerecho a Defender Derechos en Latinoamérica y el Caribe – Fase 2, liderado por CODHES y financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) a través del Centro de Formación de la Cooperación Española en Cartagena de Indias, Colombia, el equipo de CODHES realizó una misión de trabajo en Santo Domingo, República Dominicana. Allí conoció la historia de Pierre, un joven agente de cambio que trabaja por la defensa de los derechos de las personas en situación de movilidad humana forzada.




